Vencido

Foto de Fernando Sturzenegger

Encuentro un muro, una limitación, un esquivo sentimiento de temor frente al cambio posible, una duda, un movimiento del suelo justo antes del siguiente paso. A tientas, mis manos logran encontrar un agarre, un pasamanos al borde de la escalera, un picaporte firme y asegurado, un asidero momentáneo al cual me aferro intentando sea eterno, fijo, inamovible. Todo este movimiento para quedarme detenido es inútil, incluso el fingir agitación, porque nada pasa mientras me alejo. La energía se acumula detrás de mi cerebro, me ausento.

Busco entonces quien me traicione, quien desde algún lugar que estimo más estable y seguro que el mío, siempre creo además por encima de mí, me empuje con fuerza hacia el abismo de lo desconocido dentro, del vacío oscuro que tanto me aterra sin que yo lo manifieste o lo deje ver. Mientras caigo indetenible, mi rostro no reacciona, mis ojos nada dicen, nada reciben. Persisto en mi despedida hasta que algo minúsculo empieza a ceder, mis piernas permiten el descenso, suelto entonces mis manos, empiezo a sentir el dolor y despierto, se humedecen mis párpados, mi rostro ligero abre y cierra la piel, aparecen los olores y todo gira intensamente.

Así me desconcierto mientras permito que pase dentro de mí lo que aguardaba desde la infancia. Vuelvo a escuchar la música de tus pasos y soy yo mismo siendo lo que soy y lo que no soy, aquello irreconocible. Me abrazo a un extraño, una mujer que jamás había visto me besa en los labios y me guía. Me disuelvo. Esta bendición del reencuentro me traspasa, me rompe y me doy cuenta de que sigo estando allí, donde antes había estado sin saberlo.

Es así que me venzo.

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