El amor espera

«Los amores ignorados siempre vuelven a pedirnos cuentas”
(Mario Diament, en su pieza Cita a Ciegas)

A veces sólo se puede mirar verdaderamente una cosa, cuando ante su presencia se cierran bien los ojos.

No quisiera, pero es inevitable, recordar las ocasiones en que he ignorado el amor o que, quien sabe con cuál pretexto, el amor me ha ignorado a mi. En esos momentos me he sentido desprotegido y abandonado, añorando quizás un momento exacto de mi niñez en que me sentí completamente recibido, acunado, a salvo.

Pero el amor no abandona, no se rinde, y si se da la vuelta es sólo para retornar tiempo después. Al amor no le importa si pasan horas, meses, años o vidas enteras, siempre está allí dispuesto, amplio, abierto, como si el reloj fuese un juguete inútil y el reflejo de un engaño.

En la quietud se fortalece el transcurrir dinámico de las emociones, sólo en la quietud el silencio nos aproxima y unifica. Entonces mi brazo es mi brazo y puedo usarlo para alcanzarte con una caricia, desde los dedos recibo sonidos que hacen eco en mi pecho, en mi abdomen, en este cuerpo.

Por eso he sentido, como una profunda herida, la despedida. Y es esa herida a veces subestimada la que sigue diciendo el nombre del amor ignorado, ese no atendido, ese no honrado. La sucesión del amor requiere una ofrenda, por eso todo se apacigua: la ansiedad se adormece cuando dos miradas se reconocen cercanas.

El mundo que compartimos está tan lleno de oportunidades de desencuentro, de posibilidades de convertir todo en acciones automáticas, que a la llegada del amor del amor nos sentimos, con frecuencia, excedidos, descompensados, incapaces de responder a él, avergonzados profundamente por la cercanía de tal grado de goce y alegría de corazón. Secretamente y atemorizados, optamos por una de dos opciones extremas: nos aferramos a quien amamos con tanta fuerza que nos olvidamos del encuentro y acabamos con toda posibilidad de contacto, poseyéndo el sujeto-objeto de nuestro deseo y negándole su libertad; o por el contrario escapamos despavoridos interponiendo alguna circunstancia práctica, mandato moral o convicción cultural que obliga a la renuncia (alguna voz maléfica nos dijo que amar así es inapropiado).

Pero el amor espera, sabe que en cualquier recodo volverá a tener oportunidad de manifestarse y entonces retorna a nosotros. Se repiten las emociones y las circunstancias, el cuerpo se despierta una y otra vez buscando su redención. A veces en el momento en que más encadenados y solos nos sentimos, aquellos amores ignorados nos hacen llegar alguna señal que provoca vibración en nuestro aliento.

Se que hay un gran amor esperando dentro. El mío, este que emana fuerza desde el pecho, está conformado por distintas voces, la mayoría de ellas marcadas por ausencias, moviéndose con sus ganas de llorar y gritar, de abrir los brazos, de gemir y hasta golpear. Esas son manifestaciones del amor que todo lo regenera a través del movimiento. Yo busco rendirme…

Es posible combatir el amor hasta el final, cuando aparece la muerte encontrándonos enfermos y apagados; es posile aceptar el amor y dejarlo entrar, moverse como el océano en un ápice de nuestro cuerpo, desbordándonos; sea como sea, él siempre vuelve a la orilla de nuestros pies y permite que, si decidimos hacerlo, lleguemos a conectarnos con quienes somos en el querer y la risa, en el tocar y el llanto, en el ser y estar juntos.

Siempre tego una cita pendiente con mi propio corazón. Por eso cierro los ojos con cierta frecuencia, busco el momento para sentarme frente al mar y escuchar su mensaje. Todas las voces están allí.

¡Gracias a los Dioses por esos amores que regresan a pedirnos cuenta!

2 comentarios en “El amor espera

  1. Querido Markel!!!Gracias por el amor que hay en tus palabras….y por el que compartes con las personas que tenemos la bendicion de verte de cuando en vez!Te quiero, Ali

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