Se le había perdido. Por más que intentaba encontrarla nuevamente, ella se escabullía una y otra vez entre tanto lugar común, malos entendidos y desacuerdos. A veces podía intuir las razones del extravío. Salía a la calle y todo comenzaba como una queja interminable: el calor, el fuerte sol o la lluvia, el tráfico, la plata que no alcanza, el gobierno, la delincuencia, los pedigüeños en cada esquina, el metro atiborrado, la mala educación –ya no hay valores, la gente es terrible, cada quien vela por sus propios intereses –se decía una y otra vez. Es fácil imaginar que cualquier voz se … Continúa leyendo Al Encuentro de su Voz