Perdóname por tardar tanto

Espero saber dónde encontrarte.

A veces, en medio de alguna palabra, me quedo mudo.

No estoy seguro de que puedas escucharme.

Y si muero ¿habré logrado pasar aquel portal que no admite engreimiento? ¿Habré aprendido a guardar silencio en tu presencia?

Tú has esperado allí, sutil, casi dormida. Sólo desde esa voz minúscula puedo hablarte.

Me ha costado mucho entenderlo.

Solo desde mi propio susurro, que es renuncia.

Lamento tanto engaño. Ha sido un largo andar, muchas desviaciones pero sin atajos.

Perdóname.

(Me cuesta articular frases completas, tal vez deba intentar solo sustantivos: silla, ventana, amanecer, beso, resplandor). 

Ahora empiezo a ceder, aunque no comprenda. Ser aquello que fui, por temor, ya no es posible.

Ser quién soy, quizás sin saberlo, es el paso a lo esencial inmóvil, el lazo con el amor profundo que tú eres.

Deja un comentario