Hesse guía la caída

Visión Adolescente…
«No acierto a expresar debidamente lo que siento. Pero sin duda alguna me habrá comprendido». (Cartas de un adolescente, Herman Hesse). 

Andaba a medio camino entre Sinclair y Demian. En ese encuentro, ellos le habían dejado saber de su indeterminación y despertaron la urgencia por recorrer su propio camino.

Este adolescente había estado preparándose, sin saberlo, para emprender un viaje, y fue Hesse quien le sustrajo hacia su territorio, le facilitó la iniciación hacia otros mundos.
Había estado protegido hasta entonces. La única sacudida que había experimentado era el profundo deseo por V. durante aquellos primeros años de la secundaria, de lo cual emergió algo que por vanidad llamó poemas: sus palabras coladas entre apuntes de matemáticas y literatura. Además de este lugar común, no había sido capaz de ningún riesgo.
Por ello no podía sospechar lo que vendría, no sabía que en las páginas de Demian, más tarde en las de Narcizo y Goldmundo, Hades acechaba. Mucho menos pudo percibir que al avanzar en su lectura se convertía en una Core a la intemperie.
Lo que experimentó al leer la decepción y el despertar de Sinclair, su salida del mundo perfecto a través de una mentira, fue su propia fractura, algo que transformaría su experiencia de la vida desde ese momento y para siempre. Entonces no tuvo otra opción que el movimiento interno, ya no podía sostener su seguro punto medio, su protegida existencia sedentaria. Se vio obligado a andar, a salir a la búsqueda de su Destino.
No pudo evitarlo, a partir de ese encuentro con Hesse supo que vivir era inventarse y que ello representaba una dolorosa caída.

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