Se han perdido las voces
y los silencios se corrompen,
entonces sin que nadie sepa
te miro desde mi oscuro lugar.
Así, sin confesión
aguardo tu desencuentro,
presiento tu partida
sin nada más que el adiós.
Sólo las palabras realizan
sudores, sin saber qué hacer
desciendo a la mirada sutil
de la soledad presente.
Triste me deshago en olvidos,
escucho lejos las risas
y me pregunto por qué
ignoran y matan mis visiones.

