La Casa de mi Abuela

Hoy estuve en casa de mi abuela. La casa de mi abuela ya no existe.

Entré por el garaje, aunque yo venía caminando. La puerta grande estaba abierta de par en par. Pasé junto a la entrada del apartamento lateral pero como casi nunca entré en ese lugar casi no reparé en ello. Traspasé la puerta lateral que conectaba el garaje a la cocina, y la encontré limpia y bien iluminada. De allí a la pequeña sala de estar y luego al gran salón principal, con sus antiguos sillones y los cuadros de mi abuelo sobre las paredes. Paseé rápidamente por las habitaciones de planta baja y el baño grande junto a ellas.
Aunque de allí regresé hacia el patio, no recordé entrar en el pequeño baño donde había un extraño gabinete repleto de medicinas de todo tipo. Se supone que dentro de ese minúsculo baño mi abuelo materno pintaba cuadros. ¿Esto será cierto o se trata de un invento de mi imaginación?
Yo viví en casa de mi abuela por un año completo. Durante ese tiempo no dejó de ser el espacio mágico que siempre representó para mí durante la niñez. Este lugar estaba lleno de voces. Un lugar que yo podía explorar con cierta libertad. La casa de mi abuela ya no existe.
Al subir las escaleras para continuar mi reconocimiento encontré a Chopper, un bulldog traído de Valencia, desde casa de mi tía. Escuché su carrera escaleras abajo y luego escaleras arriba. Sentí su agitación, su alegría por mi visita. Pasé por el primer cuarto, donde residen los recuerdos más especiales de mi encuentro con otra de mis tías, esa que mataron una noche. 
Con ese recuerdo regresé de golpe a la sala, precisamente al alto techo de la sala, allí anclé mi dolor. 
Salto hacia arriba, segunda habitación subiendo las escaleras. Allí había dos camas, y un pequeño espacio donde mi abuela tuvo un tiempo su máquina de coser. Creo reconocer luz natural proveniente del techo.
Juan Félix tenía su telar, en la casa del Tisure, en una habitación con claraboya.
Pasando el lavandero otro tramo de escalera, y la última habitación de esa sección de la casa de mi abuela. Esa era mi cuarto favorito, sumamente amplio, con dos ambientes, varias ventanas. Allí jugué muchas veces.
En el otro extremo el paso hacia la azotea, allí mi abuelo había instalado su taller de carpintería, sus herramientas sobre una pared, una mata de uva que se ramificaba por todo el techo haciendo sombra, a un lado un cuartito minúsculo que terminó siendo más tarde el taller de mi tío. Cuando lo vaciaron encontraron un montón de cuadros de mi abuelo, entre ellos algunos de mujeres desnudas. ¿Los pintaría por diversión? Siempre los ocultó. ¿O será otro invento de mi imaginación?
La casa de mi abuela ya no existe. No están los sonidos de los trastos de la cocina mientras ella preparaba el almuerzo, ni los ladridos de Chopper al escuchar pasar a algún extraño. 
La casa de mi abuela la tumbaron para construir una fábrica. Ahora está rodeada de buhoneros. Ahora es difícil pasar si quiera por esa calle. Ahora es un sitio muy peligroso para transitar. 
Hoy la visité. Estaba vacía. 
Estaba repleta también.
La casa se llamaba La Covacha. 

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