Obligado: hacer centro

Me obligo a escribir, después de estos meses en silencio. Dudo frente a la opción de abrirme nuevamente y permitir que estas palabras manifiesten un estado de tanta incertidumbre. La verdad es que mi país me tiene absorbido, me cuesta pensar en medio de tanta dificultad; aparece el temor por la inseguridad y la inestabilidad generalizadas. Entonces me pierdo de mí mismo de tanto estar afuera.
Por eso volver a estas líneas es un desafío, por decir lo menos. Pido a esa voz que me ha acompañado siempre que vuelva a contarme de sus cosas… Y espero…
Hay momentos es que todo cambia, las cosas dan un giro inesperado y uno se queda completamente descolocado. Y digo «uno» queriendo decir «yo». Me encuentro descolocado, aunque nombrarlo así no sea más que una manera de decir. Necesito volver a aprender casi todo, y dejar que caigan las viejas creencias, las antiguas visiones sobre mi propia vida, sobre aquello que me rodea, sobre lo que tengo entre mis manos actualmente.
He creído que esto es lo natural del vivir: el cambio constante. Ahora me enfrento a uno mayor, ese de grandes alcances tanto interna como externamente… Lo más fuerte para mí es que me toca ser mi propio guía, mi propio maestro. ¿A alguno le ha pasado alguna vez que han estado esperando que alguien más les diga que ya están listos, que pueden seguir adelante por sus propios medios? Yo siempre confié en la perspectiva de mis maestros y allegados, yo por lo general me sentí «en proceso de», de forma tal que todavía faltaba un poco para concretar aquello que estaba esperando, aquello para lo cual me estaba preparando.
Pero hoy se que no es así, que nunca estaré listo, o dicho de otro modo: siempre lo he estado. En el fondo es lo mismo, porque lo importante es, se dice sencillo, hacer, concretar, actuar, realizar, atreverse a mostrar, ser y actuar. Así es, no hay mucho más que agregar.
Entonces, después de tanto miedo, luego de tanto esperar, lo evidente regresa para pasear groseramente por mi cara. Por eso quizás es que hoy quiero compartir esto: si tienes alguna visión, si percibes esa inquietud en tu interior, haz algo al respecto.
Vuelvo al inicio: hasta hoy he estado distraído. Reconozco al menos dos fuerzas que me sacan de centro, que me desconectan de esta voz que ahora reclamo: el miedo y el deseo. ¿Cómo funcionan? Salgo a la calle, abro el periódico, escucho las noticias por la radio, y percibo claramente que el mundo que hemos creado está lleno de peligros, tensiones, contradicciones. Luego me doy cuenta de que quiero algo mejor para mí y empiezo a soñar con cierto tipo de reconocimiento, con ganarme la lotería o vivir en un mundo paralelo donde todo sea perfecto. Entonces, ya lo se no me presionen, no estoy aquí, no en mi vida, no en el día a día de eso que llamamos realidad.
Entonces no puedo escribir, ni crear, ni escuchar lo que me dicta mi intuición. Me pierdo en mi destino, llevado por quien sabe qué fuerzas.
¿Cuál es el trabajo entonces? Ser consciente. Nada fácil, pero es lo único a lo que puedo aspirar. Cada minuto de mi vida necesito volver a preguntarme quién soy, dónde estoy, qué estoy haciendo. Y ese atisbo de respuesta, ese murmullo dilatado y dubitativo que me indica ciertas coordenadas, es mi punto de enfoque, el suelo que me sostiene, el territorio que transito. Ese minúsculo lugar de contacto conmigo y aquello que hay dentro de mí, es lo que me permite ir allá fuera y quizás transformar la realidad.
Ese es nuestro trabajo hoy, es lo fundamental, lo primero. Por ahora muchos andamos distraídos, pero debemos retornar a nuestro centro.

Deja un comentario