Descenso al Natural

Me corresponde meditar.
El hombre había estado viviendo sus propias repeticiones, el resultado de los juegos que desde la infancia había venido realizando sin preocuparse de quienes se involucraban en él, sin pensar si quiera que era posible que alguien más saliera herido. Una piedra, otra piedra, iba sumando ganancias a costa de una que otra desilusión; nada suficientemente significativo para considerar algún tipo de peligro. Pero mientras avanzaba de este modo, su alma se iba deteriorando.
Esto resultaba parte de su vida, desde cierta perspectiva podríamos definirla como un proceso de deterioro, como si un fantasma habitara en parte de su existencia, uno que tomaba el control de las circunstancias por instantes, o al menos eso le hacía creer. También subsistía un espacio interno donde cierta voz le indicaba dirección, le pedía el retorno por el camino andado, hacia la casa primera, donde tendría que hacer las reparaciones necesarias.
Frente al fantasma, como en juego de espejos, había estado creciendo el Maestro. Ambas conciencias se habían enfrentado, llegaba el momento en el que alcanzaban sus propios espacios, llegaba el momento del diálogo, de una posible reconciliación.
A dos voces, a dos pulsos, a dos alientos:
ELLA.- De piel soy y vengo a paso firme, tú que antes me habías negado, para abrir tus ojos y encender llamas inconfundibles en una senda solitaria. De la luna provengo, del monte y de la danza, del salto entre montañas, del grito permanente en tus entrañas, de la soledad y la rebeldía, del desprendimiento y el abuso, del golpe justo donde más te duele.
EL.- De dulces cabellos y almíbar pretendo ser, del continuo proceso de disolución con todos los seres y todas las cosas, del silencio, del paso suave y la comprensión, del discernimiento, de la paz amurallada con pastos y flores, del regreso luego de la feroz caída, del reconocimiento y el encuentro, del sanar las más profundas heridas.
Tomadas de la mano, las dos esencias podrían hacer su tránsito por las etapas finales de transformación, aunque todavía hoy aparece una Psique desesperada y un Pan que le salva del suicidio. Todavía hoy una fiera salta entre la vegetación sin aplastar la semilla de la nueva vida. Todavía hoy ciertas voces pugnan por emerger desde el centro del lago, moviéndose bajo las aguas.
Cuando se hace de noche, él habita su propia respiración y ella se envuelve en llamas. Así descienden, retornan… 

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