Un amanecer andaba a orillas del mar. A mi derecha las aguas, a mi izquierda las montañas. Una cierva, ligera y concisa, estaba de pie a unos metros de mí, aguardándome. Me miró sin decir nada, sin moverse siquiera. Se detuvo mi respiración y le miré sin entender nada. Intenté acercarme, con torpeza. Decidida saltó y se perdió dejándome una sutil impresión. Era ella, dulce e inaprehensible, que se había mostrado un instante. Era ella, la natural mujer de todas las cosas, en su esencia más joven.
Te descubres, como queriendo recibirme
ofreces ampliamente las luces de tu estar
allí de donde emerge tu aliento
que en sueños me ha encontrado.
Mirarme así es convocarme
al hallazgo de tus soles,
yo que de sombras vengo
yo que de ansias me deshago.
Si pudiera descendería a tus espacios
esos íntimos que me dejas sospechar
esos suaves que me has otorgado
si pudiera, traspasaría el ojo tímido que aguarda.
Tú no sabes lo que has hecho,
apenas creas fantasías
en contra de todo juicio ajeno
y de todos tus temores.
Te atreves, avanzas limpiamente
sin dejarte alcanzar por estos brazos
que desean sostenerte y abarcarte
traspasarte con el cielo enceguecido.
Si mi boca alcanza tu oído
serán derramadas las palabras,
si mi pecho toca tus latidos
caerán los imposibles.
Si en toda mi extensión
yo anidara en tu mundo
podrías gritar mil veces no,
sin efecto.
Me he convertido
en merodeador de tus andares
en observador cauteloso de tu cuerpo
negra y cálida silueta del refugio que te aguarda.
Mientras sueño, quiero, deseo,
tú sigues quieta avanzando en mis esencias
desperdiciando tus aromas, tus encantos,
como es propio, muchacha, en tu momento.
Desde mis lentos pasos me aproximo,
es el brillo de tu estancia en mis recuerdos
el que trae al presente entre tus manos
un registro silencioso de mi confesión.
No te marches sin dejarme alguna tregua
que sigo mirándote, esperándote,
he dejado atrás mis trajes
Y quiero despojarte de tus pesos.
Para envolverte
en delicias propias de la noche
he venido.
He venido a liberarte
de tus miedos y tal vez
de tus viejos desengaños.

