Distinto a mí

¿Quién soy tras mi máscara? ¿quién palpita al fondo de mí mismo?
Si pudiera quebrar el cascarón, qué sustancia se mostraría, qué olores desprendería ese que ha estado aguardando su salida.
Apenas me atrevo a imaginarlo.

Avanzamos primero a gran velocidad, luego nos vemos obligados a detenernos, algo pasa más adelante. Una mujer me acompaña, yo siento profundo temor, gran ansiedad. A lo lejos puedo ver lo que obstaculiza nuestra marcha; abro bien los ojos, sostengo mis párpados separados del mismo modo que suspendo mi respiración, quiero salirme del pecho, a brincos, para percibir lo que sucede sin mirarlo, para no saber del todo.
Allí están enfrentándose, un gigante cuyo pesado cuerpo de piedra se mueve lenta y letalmente; una rata de igual tamaño, abriendo sus dientes, defendiéndose de los golpes, arañando y atacando ferozmente.
Debo llegar hasta allí. Mi vida depende de ello.

He llorado hoy. Mi cara me agradece ese instante libre. Se deshace algo del peso que había estado llevando.
En medio de un pequeño parque, espero a que me digas la verdad, pero ella se retrasa. Pasan las horas y yo sigo inventándome razones para esperar, para decir lo que creo quieres escuchar, aguardo para no enmudecer, con todo lo que realmente quisiera expresar.
Quiero morderte, amasarte con las palmas de mis manos, en una palabra: amarte.

Me lancé al agua, estando abajo casi podía respirar. Sentí un llamado, tenue aunque firme, me acerqué dando patadas con los brazos al frente: entré a un refugio. Allí, un espacio de madera se abría, húmedo en parte, de aire antiguo. Allí estaba yo, desnudo, cómodamente recostado, mirándome. Escuché mi reclamo: ¿qué has estado haciendo que no habías pasado por aquí? Y mi respuesta: no sabía que estabas, me había olvidado de mí.
Si no me escuchas, no coperaré.

Así que hago pulso conmigo, me reclamo, me llamo, me busco.
Las lágrimas son un pasadizo a ese refugio. Debo ir solo, despojado, hacia ese mi fondo.

Y soy yo quien sigue asomándose entre tantas fotos, quien sonríe detrás de la sonrisa, quien se esconde con estas y otras palabras, quien es quien no es y se sabe distinto a sí mismo.

Sigo jugando a ratos, pero ya no puedo olvidarme.

Deja un comentario