Como si fuesen naranjas
niña has exprimido mis soles
dándome dulcemente
de tus tacones el silencio
tientos a fuerza de alegrías
penas del duende que te alienta.
En tus manos bailan
azul de tu voz y rojo sangre
tus zapatos deliciosos
derraman palidez
y suspiran en desgracia.
En tus ojos la llama
íntima, libre, precoz
y el nombre absoluto
de todo lo imposible
e impronunciable.
Mariposa fugaz, distinta
en el paso tardío, en el rezago
de todo dolor, en el augurio
de cambios y caídas,
irrespeto a tu llanto.
No reconoces tu ritmo,
solitaria, bendita
andando sin mangas
renunciando a saber.
Intentan asfixiarte
esencia ínfima y total
apretando las redes
del mundo del mañana
Es ahora tu existir…
¡No te dejes vencer niña de agua!
fluye en huída hacia tus ríos
y yo aprenderé a cantar tu nombre.

