
El Alma se manifiesta multiplicándose. A veces no puedo reconocerla, sin embargo la mayor parte del tiempo tengo la experiencia de su presencia y su terrible belleza.
Desafío es no juzgar percepciones y palabras; no calificar las vivencias, no explicarlas. Hay un grado de renuncia en ello, todo es inmediato. Quizás la máscara cae un instante y al segundo siguiente ya intento darle significado, colocando una nueva en lugar de la anterior. Parece ser un interminable recorrido hacia el Vacío que es Todo.
De ficción en ficción intentamos recordarnos, reconocernos y más tarde olvidarnos.
El sendero es minúsculo y profundo, vamos y venimos en nacimiento y muerte, en único suspiro a la eternidad, repitiendo palabras.
¿Cómo puedo entonces mantenerme cabalgando mis emociones? ¿Cómo sostener la imagen del destino que me ha tocado, elección antigua y primaria, recorrer? Tal vez allí, en el silencio detrás de estas palabras esté, definitivo, tu rostro limpio, cálido, para abrir mis sentidos en renuncia final.
Esto sería entonces un pequeño llamado colocado frente a la inmensidad, un susurro depositado al oído de quienes estén dispuestos a escuchar.
Con el dedo de alguna mano, más pequeño que el más pequeño, rozo tu espalda y espero. Presiento tu cara en el fondo. Me deslizo, me retiro y vuelvo soltándolo todo, mientras te vas, sutil, más hondo y más hondo.

