Revés

Me pregunto, estoy preguntándome, cómo puedo transitar por estos pasadizos y seguir siendo yo… De nuevo surge la duda, el movedizo territorio vuelve a ser desconocido, las amarras se sueltan, las rejas se funden por el calor nocturno.

Tuve que transitar por estas ausencias antes, muchas veces antes, para encontrar a qué aferrarme aunque estén totalmente desiertas las entrañas. Estuve llorando tantos años sin detenerme, para nutrir y ablandar el suelo agrio de mis pasos.

Estas presencias, la vibración de los huesos, el vacío, el miedo. Realidades fantásticas, creaciones irracionales de mi experiencia en este mundo. He conectado con una angustia esencial que no se bien a dónde ha de llevarme, porque me muestra en un movimiento preciso como todo es ilusión, y desde allí intentamos ser.

Por eso no soy, no existo, no estoy. Por eso puedo ingresar en el minúsculo espacio de mi propia esencia. Quizás pueda empezar a resurgir, aunque ya me apresuro a intentar un desenlace.

¿Qué pasaría entonces si me quedo en este camino inconcluso, en este espacio de no asideros, de preguntas no dichas, de indeterminación? ¿Qué ocurre si me quedo andando en el vacío, sin descubrir ni saber nada, sin propósito alguno? ¿Surgirá entonces aquello que es imposible nombrar o describir? ¿Hablarán las voces que a veces intuimos o se confirmará una suerte de silencio inescrutable y sin fin?

El agua corre por esta calle sin fondo, aquella joven me indica la dirección hacia el oscuro vacío. Yo detrás, pared por medio, casi sin respirar. Un pasillo, a mi izquierda un loco enjaulado y la muerte siguiéndome los pasos. Pronto amanece, pero la noche se resiste. De pie en mis propias palabras convenzo a un ladrón para que me deje continuar. Liberación.

Este es mi ritmo, mi revés. No es que tenga importancia, pero así es.

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