
Necesitamos la mano suave que viene con una caricia suspendida, y la cachetada precisa que nos hace retornar.
Ese sonido al nacer, el amor, el suspiro de despedida en minúsculo y eterno retiro.
Una y otra vez debemos volver, inhalar y exhalar, abrir y cerrar, alzar y caer, soltar, retroceder… Reconocer y olvidar.
No hay más secretos. Te mueves en círculos dejando ver un poco más. Sensual y sencilla, pulsando los deseos de humanidad, irrealizables y presentes, dinámicos, reales.
Hay necesidad de descenso y luego, vuelta a empezar hacia la luz. Una vez más. Oigo risas. Te desencadenas en otros giros hacia la eternidad.


Que bueno que volviste a escribir…. Como siempre espectacular…. Un gran abrazo. Marisol