Un Encuentro

He estado intentando expresar lo que significa un encuentro.

En un encuentro se concentra todo lo que nos es esencial.

Allí están la piel, la boca, las manos, la respiración, la exhaltación de los cuerpos. Allí también las miradas intercambiando su invisible alimento. Allí las ideas, con su constante ir y venir. Las emociones revolviéndose como es habitual.

Más allá, las almas experimentándose, aprehendiéndose a sí mismas a través de las otras.

La nuestra es la declaración perfecta: aprender en nuestros errores, en nuestra incompleta condición. Revelarnos lo que ya sabíamos, dejar que aquello más allá de lo entendible se manifieste y complemente los lazos creados en nuestra respiración.

Contigo sigo creciendo.

A veces paso mucho tiempo en el olvido, creyendo que no tengo nada que ofrecer. Más tarde, en el encuentro, reconozco nuevamente todo lo que hay en mí para dar y compartir.

Es sencillo… Relajar, soltar, dejar de lado la necesidad de control o la búsqueda de resultados. Tomar riesgos desde nuestro centro esencial. Fluir en lo real, en lo presente.

No hace falta nada, sólo la disposición a amar y ser amado.

Por eso mi declaración: «estoy aquí para acompañarte, escucharte, recibirte tal y como eres, conectarme contigo y abandonar mis razones».

Todo se transforma, se conecta en un fluir que libera y compromete en ese instante. Es así que dos manos pueden alcanzarse y manifestar una gracia completa. Allí respirando, nada más, permitiendo que las almas conversen a su propio ritmo, sin interferencia. Silencios prolongados. Los ojos brillan en color.

Difícil explicarlo con palabras… Sean 5 minutos, 5 horas, 5 días… Sigue siendo lo que es.

A veces el mensaje que aparece es: detente, respira y percibe. Todo nos será dado.

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