Solicito los dones
de estas voces,
abiertas siempre
a la reconciliación.
Invoco al perdón
en mi cuerpo,
al amor de manos,
de pies y canto.
Traigo y echo
recuerdos sobre el mar,
hoy el grito que ayer
forjó ausencia en cascada.
Recibo el temblor
la gracia en el vacío
yo instrumento,
quién creador.
Hoy me permiten
caer despacio, en lluvia
de manos luz, torrentes
y sombra en ciernes.
Solicito entonces
la venia de entrar
en sus aguas, amar
a la joven que guía.
Dejarlo todo entonces
al ritmo que ya existe
ser uno en la danza,
vaivén y despertar.
Solicito el abrir
aceptar, colocar
en un respiro
la eternidad.

