Nada por hacer, sólo esperar entre la contemplación y el cansancio, entre voces y silencio.
Nada que intentar más que el intento, abierto al impulso del viento, o el quiebre de un rayo fulminante.
Corro, fumo, trago, respiro, canto, juego, reviso, pienso, pierdo el tiempo, negocio, produzco, libero, apreso, conjuro, sueño, vuelvo…
Transito los mismos lugares y apenas sonrío si te encuentro, ojos bellos. Quizás llore si te vas, ligero extravío que en el sin sentido me lanzas a mi propio camino.
Nada que esperar, sólo la espera y la constante plegaria sin dirección, Voz Universal que calla, y no dice, no es, no se encuentra. La mayor intensidad del Amor.
Nada que ocultar, sólo el hechizo, la fugaz indignación ante los hechos, vibrando la barriga, las axilas, la nariz, las uñas y los dedos de los pies. Eso inasible que causa escándalo.
Se nos durmió el amor por la ansiedad de quien todo quiere y nada espera, quien se ahoga en la añoranza inútil y desordenada del no estar.
El cuerpo grita…

