Hacer lo que hago

No siempre puedo reconocer las verdaderas razones que me llevan a actuar de una manera determinada, lo que quiere decir que en ciertas ocasiones me percibo moviéndome sobre una delgada hoja, terreno débil que podría abrirse en cualquier momento. Ahora cuando termina el año, sin embargo, hago un esfuerzo por visualizarme en mis próximos pasos, por proyectarme hacia el siguiente ciclo que se abre con la llegada del 2008.

He planteado algunas acciones, proyectos, posibilidades, líneas de trabajo. He completado unas hojas donde todo se describe, algunos pasos, personas a las que puedo consultar, guías. Y todo ello acompañado de mis propias dudas, de las preguntas que no puedo evitar hacerme una y otra vez.

Me ha sido dicho de distintas formas que, más allá de mis dudas y mis opiniones, está la manifestación de mi destino. Yo ya estoy en ese lugar, porque me encuentro, todos nos encontramos, en una manifestación simultánea de aquello que soy y podría ser. Por eso la importancia de aquellas y estas palabras están en el hecho de que, al ser pronunciadas (escritas o leídas), generan un movimiento, abren puertas, caminos que luego será posible transitar.
Entonces hay una guía que proviene del interior profundo, que señala a través de mágenes cuál es ese «camino que se hace al andar». La paradoja es esta: plantearme la intención, puertos posibles, junto con el ánimo que espero me acompañe en la travesía; luego soltar esa intención, que ya forma parte de mi, abriendo espacios en el recorrido que permitan la entrada de eso que no puedo ver desde aquí, que quizás no puedo comprender, pero que forma parte de este mi destino.
Las claves estarán en lo más concreto, en el nivel de la experiencia cotidiana, del trabajo continuo y sostenido, de las actividades que pueda completar en los minutos que me sea dado actuar, respirando una y otra vez como forma de dar y recibir de las cosas más sencillas. se trata entonces de hacer mi labor y nada más.
Feliz año 2008.

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