
Me hicieron creerme un fauno
(feliz pretensión)
danzando en lo hermoso
ignorante, sosteniendo
tu belleza y la de ella
sensuales femeninas
dominando un imperio.
Ahora me doy cuenta
Dionisos no está en casa
invade en la danza
suspendiendo las razones.
Allí está la vida, y allí sigue
en mis cuernos, en mi sexo
en aromas y jardines
en la vuelta al cuerpo.
Me había olvidado del sudor
de este dolor en el ascenso
del aire abriendo el pecho
las miradas, el beso…
De allí el rito transpirante
que cambia y no comprendo
aunque vivo esté en mi carne.
¡Qué hermosa revelación!
Y yo que sólo puedo mirarte…

